No sé cuándo ni en qué puno de mi vida llegué aquí, sólo sé que mi cuerpo ya no puede más, ni un minuto más, no sé qué es lo que tengo ya que por alguna razón he dejado de ver, creo que estoy vendado, siento un líquido tibio bajo mis pies y un dolor intenso hasta en el punto más recóndito de mi ser.
He logrado oír algunos ruidos muy lejanos, me parece que son personas así que como sería normal en alguien comienzo a pedir ayuda.
De pronto se escucha la reja chocar fuertemente contra una pared, y alguien o algo me golpean hasta callar mis gritos de auxilio, ahora entiendo que estoy atrapado en una celda sin merecerlo y sólo quiero escapar.
La noción del tiempo ya se me ha perdido, sólo sé que un día ha terminado o comenzado cuando este ente viene a golpearme con brutalidad y sin decir nada. Imagino que mi vida ya no vale lo suficiente como para que alguien se digne a rescatarme o darme una palabra de aliento.
En el preciso instante en que ya no puedo más sueltan mis cadenas y me llevan a un lugar frío a bordo de lo que parece ser un vehículo de gran envergadura. Me arrojan de este vehículo en movimiento a este lugar, por fin puedo quitarme las vendas de los ojos, por suerte es de noche, de esta manera mis ojos no sufren tanto por la falta de luz que tuve durante esos interminables días.
Tengo hambre y frio, me encuentro sólo con mi ropa interior, comienzo a seguir los sonidos que me acercan a una carretera poco transitada, como ningún alma caritativa decide llevarme me dispongo a caminar con las pocas fuerzas que quedan en mi lacerado cuerpo.
A lo lejos veo una casa que parece estar deshabitada por el día de hoy, así que me adentro en ella esperando encontrar algo de ropa y comida. De un momento a otro me encuentro con las manos llenas de sangre y sosteniendo a una pequeña niña entre mis brazos que clama por ayuda a pesar de estar a punto de morir por la herida que lleva en su cuello como un collar de sangre. Finalmente cesa de clamar y se desvanece en un suspiro.
Camino por entre los pasillos de la casa extrañamente ya con ropas y sin hambre, veo en el piso lo que supongo es la familia de aquella pequeña niña, no entiendo que pasa así que escapo rápidamente del lugar, nadie iba a creerme que yo no cometí aquel espantoso episodio de crueldad.
Sigo mi camino sin rumbo por las calles y callejuelas de una ciudad que me es desconocida, continúo sin entender el tiempo que pasa a mí alrededor, la hora ya no me es una molestia pues no tengo a ningún lugar en donde llegar, tampoco una persona a la cual le pueda preocupar.
Desde aquel día que me dejaron ser libre he buscado un alma que pueda entender mis molestias e inquietudes, un alma clara y sencilla que pueda brindarme una palabra de aliento en un mal momento, pero como siempre nunca la encuentro así que he aprendido a vivir sin alguien a mi lado ahora soy yo con un largo camino por seguir…………
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